julio 20, 2011

Es Ipsilón, con I

Es cierto que existe una letra griega llamada Epsilon, tal como existe la letra llamada Jota, el número Ocho, el color amarillo patito, las frutillitas con crema, los correos spam que venden viagra, los pasajeros de metro que te respiran en las mejillas, los peos caldúos, y los puntos de Lagrange. Ahora bien, tal como aquellas cosas existen, existe también un blog llamado El Taller de Ipsilón. Si señor, Ipsilón, con I. La tercera vocal, cerrada y palatal, I latina. ¿Es tan difícil de entender?

No jodan más por favor.
Gracias :D

Diego Molina

junio 04, 2011

Hay que matarlos a todos

A menudo me encuentro ideando, seriamente, el modo de eliminar a los flaites, y cualquier otra clase de delincuente que pulula por ahí. Si no me conocen, quizás se sorprendan de que alguien, seriamente, sopese la posibilidad de deshacerse de una manera definitiva de todos estos lastres. Pero quienes me conocen, es probable que no les sorprenda.

Henri Ducard (personificado por Liam Neeson)
Recuerdo las palabras que Ducard alguna vez le refirió al Sr. Wayne, con respecto a la actitud de estos hampones ante los ciudadanos y la ley, ‘criminals mocks on society's laws’, ‘crime can not be tolerated, criminals thrive on the indulgence of societies understandings’. En buen chileno, los criminales se pasan a todos los demás por la raja, y el poder judicial hace nada, o por incapacidad, o por negligencia. Peor aún, algunos defienden el derecho (licito por cierto, pero el tema de si un criminal pierde sus derechos al quebrantar los ajenos o no, lo dejo para otro post), a rehabilitarse, a su vida, etc. Pero como decía Ducard, es en eso en donde se refugian estas verdaderas hienas del sistema, es bajo ese alero donde se envalentonan, adquieren poder, y se hacen intocables. En su ambiente, si has matado a alguien, recién entonces te vuelves respetable, el nivel del crimen que hayas cometido define tu calidad de persona, y consecuentemente, el nivel de respeto y admiración que se te concede. Me pregunto entonces, ¿cómo lidiar con alguien así?

Justicia según la real academia es ‘una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece’. Y debería ser el sistema establecido para poner ‘orden’, quien debería dar ‘a cada uno, lo que le corresponde’, sus derechos, sus responsabilidades, velar por el cumplimiento de esas responsabilidades, y velar por el respeto de esos derechos. Garantías, premios y castigos, pero si no da garantías, ni premios, ni castigos, entonces tu sistema es insuficiente, o lisa y llanamente no funciona. Y es ahí, en ese punto, donde me surge la idea de que alguien tiene que hacer algo, de quizás yo hacer algo, pues si lo que debería funcionar no lo hace, entonces alguien debe hacerlo, y en estas circunstancias, fuera del sistema, fuera de la ley.

Mi primera idea, y por lo mismo, espontánea y visceral, es termínalos, matarlos a todos. Solo de esa manera empezarían a tener miedo, miedo a algo que no controlan, algo que no saben lo que es, o quien es. He pensado muchas veces en formar un grupo organizado y elaborado, de limpieza de criminales, de personas anónimas sin animo de fama o reconocimiento, solo con el deseo de equilibrar la balanza. Un grupo que de alguna manera obtenga información de donde ubicarlos, seguirlos, y cuando sea el momento, enfrentarlos, y sin mediar palabra, eliminarlos, perentoria y taxativamente.

Bien, si no los puedo eliminar de manera tan fría y despiadada. Entonces deberé pensar en otro castigo, fuerte y amenazante, que los marque… eso es, marcarlos. Tal cual 'bastardo sin gloria' marcando nazis, hiriéndoles en la frente la esvástica, les marcaría en la frente su crimen, ‘ladrón’, ‘violador’, o lo que sea el caso. Recuerdo una vieja tradición europea en la edad media. En Edimburgo, a quien sorprendían robando, como castigo, lo clavaban de las orejas al monolito al centro de la plaza de mercado (que era un lugar donde se congregaba gran cantidad de gente, por lo que servía para realizar eventos que interesaba fueran conocidos por la mayor cantidad de personas, avisos, noticias, ejecuciones, etc.), y se le dejaba ahí un día completo, a la intemperie, expuesto al inmisericorde frío escocés. Tenia dos opciones, o aguantar el frío, las burlas, los escupos, los proyectiles de diversa índole, los golpes, para entonces ser liberado, y dar por saldada su condena, o huir, rasgando sus orejas, y vivir condenado a ocultarlas para no ser perseguido, para poder obtener trabajo, para no ser identificado como un criminal, para tener una vida normal. Es una forma cruda y descarnada, pero funcionaba.

La idea de un castigo y de este grupo no se va de mi cabeza. Pero aun no encuentro a la gente, puede que cuando la situación se haga insostenible lo haga, o quizás antes, algún día, algún día...

Israel Molina

abril 22, 2011

Dos veces fleto

Nunca voy a olvidar esa noche en la que pasé a comer con un par de amigas y otros dos tipos recién conocidos. No bastaron ni dos segundos para darme cuenta que sería uno de esos dos fulanos, el personaje encargado de personificar al infaltable pelotudo desagradable de toda reunión. Un obeso de acento chillón y actitud pedante. Una suerte de intelectualoide que no perdía oportunidad de hacer gala de sus conocimientos generales, y que -no voy a negarlo- eran en verdad bastante amplios. Lamentablemente la amplitud de conocimientos no garantiza ni inteligencia, ni mucho menos sabiduría. Para cosas así necesitas más que saberte de memoria la Wikipedia.

maximum trolling
Nos sentamos mientras las frivolidades de todos (y pedanterías de aquel obeso) empezaban a transitar por la mesa. Yo engullí rápidamente mi completo y esperé a que las chiquillas se rindieran con la chorrillana y me dejaran a mí terminarla. En eso, el señor pretencioso aprovechaba de contarnos que recientemente a uno de sus profesores (ya no me acuerdo por qué) le había dado una suerte de rabieta y se había puesto a maldecir a medio mundo, tratándolos a todos de “fletos”; al alumnado, los profesores, directores, etc., “son todos fletos”. Obviamente todos reímos, era una anécdota chistosa que se volvería referencia frecuente en las siguientes trivialidades de la noche. Para mí era además una oportunidad.

La siguiente patraña que habló me dio lo que esperaba. No sin antes comentarnos que él trabajaba junto a (cito sus palabras) un “acelerador de partículas”, nos contó de sus largos trasnoches de estudio y trabajo. Haciendo esfuerzos por mostrarse humilde y ocultar esa infinita presunción, nos explicó que además de ser un alumno excepcional, era también un profesor de la universidad.
   -Guau! -exclamaron todos- es alumno… ¡y también profesor!

Y en ese momento, mientras me terminaba las sobras de la chorrillana le dije:
   -o sea que eres dos veces fleto; fleto alumno y fleto profesor.

Le sonreí con la tranquilidad que me otorgaron las estridentes carcajadas de los demás, y lo observé lidiar con la impotencia de no saber qué responder y la frustración de tener que reírse con nosotros. Pasan los años, y el recuerdo no deja de ser exquisito.

Diego Molina

marzo 10, 2011

Efectos del viejo mundo I

foto: trrs
Llegando a casa, después de un largo viaje de vuelta del viejo mundo, sin haber visitado el aposento de lo intangible, entiéndase el baño, me dirigí a este en busca de alivio de cargas acumuladas durante el trayecto. Al reclinarme para sentarme en el ‘toilet’ para depositar los elementos indeseados, sentí ese vacío de tiempos de liceo, cuando procedías a sentarte en tu pupitre, y algún gracioso desalmado lo había removido de su lugar. Pero una fracción de segundo después, sentí con alivio, como mis nalgas se depositaban, algo pesadamente, sobre el asiento del inodoro. En ese momento me  percaté, de que después de cuatro meses, me acostumbré a los inodoros del viejo mundo, que son más altos que los que tenemos acá.

Israel Molina

diciembre 14, 2010

El Sicopateo produce pelos en las manos

No pude decirle lo bien que se veía en esa descolorida y algo borrosa foto, con el pelo desordenado, y un particular gesto en su cara. No pude porque, hasta donde entiendo, es sicopático mirar las fotos de otras personas y por hacerlo te pueden mandar a la hoguera de la mala reputación.

Más allá de preguntarme para qué se sube algo a una página de red social, si no es para que lo vean los demás; escribo esto para decir algo tan obvio, que me da no se qué decirlo. Pero aquí voy. Todos lo hacemos, todos miramos fotos en perfiles que supuestamente no nos corresponde ver. Y el que no lo hace es porque no tiene a gente lo suficientemente interesante entre sus contactos. Hay que admitirlo, ser “víctima del sicopateo” es sinónimo de tener gracia.

foto: HobbitMob
No sé en qué punto decidimos que querer saber más de alguien era tan terrible. No voy a mentir; si alguien ha estado mirando mis fotos con interés y ha estado prestando atención a las estupideces que publico, aunque me haga el pelotudo, me siento alagado y contento. Porque tengo ego, vanidad, y muchas otras cualidades humanas. Si, señor lector. Soy de carne y practico mis correspondientes pecados con frecuencia. No se haga el santo, ¿acaso si le ofrecen un pase libre para ver la vida de personas que le llaman la atención sin que nadie lo sepa, usted lo rechazaría? es casi como negarse al fruto de la serpiente, es totalmente inhumano.

Sin el mostrarse o el vociferar a los cuatro vientos, y sin el mirar y fisgonear donde “no debemos”, no existirían las redes sociales. Tener una cuenta en estos sitios es como afirmar: “quiero mirar y quiero que miren algunas cosas que yo quiero mostrar”. Viene en el contrato, son las reglas del juego. No salga después con la mariconada de espantarse porque lo miran. Si es puta vendase, si es monja al convento ha sido llamada. Claro que hay matices en el tema, pero los matices son para los fletos; fíjense en el meollo del asunto, señores. Somos esclavos del Voyeur.

No se trata de armar altares y trazar itinerarios con cada comentario que escribió alguna persona. Se trata de hacer lo que todos deseamos desesperadamente, con la libertad que la hipocresía de la costumbre y la compostura nos quitaron.

Lo único que falta es que ahora digan que por “sicopatear” te salen pelos en las manos.

Diego Molina

noviembre 07, 2010

Urbanidades II

¿Qué es lo que tienen los palos del metro que les gustan tanto a la gente?, ¿qué los hace tan atrayentes, que hace que los pasajeros, en especial las viejas, se suban desesperadas por asirse del mas cercano?,  incluso, no conformes solo con sujetarse de estos, se les apegan y refriegan tanto, como si no quisieran que nadie se los fuera a quitar, sea que el vagón vaya lleno o no. ¿Será algo en los palos mismos?, ¿o será que todas estas viejas tienen alma de ‘toplera’?

Israel Molina

octubre 11, 2010

La Nariz de Clint Eastwood

Steve Everett (encarnado por el gran Clint Eastwood):
-Sr. Beechum, usted no me conoce. Soy un tipo cualquiera, que anda por ahí con un tornillo suelto. Francamente, me importa una mierda Jesucristo, y me da igual si hay justicia en esta vida o la otra. Ni siquiera me importa lo que está bien o mal. Pero… -tocándose la nariz- ¿sabe qué es esto?
 
Sr. Beechum:
-¿Se trata de una broma?

Steve Everett:
-No, no es una broma. Es mi nariz. Y para serle sincero, es mi único orgullo. Cuando me dice que algo apesta, tengo que tenerle fe, tal como usted a Jesús. Cuando mi nariz funciona, sé que la verdad se oculta. Pero si no funciona bien... pueden lanzarme por la borda. No soy nada.

diálogo del fílm “True Crime

Clint Eastwood, como era de esperarse, ha dado en el clavo. O más bien, donde puso el ojo, puso la bala. La fe puede ser más que algo simplemente religioso, y más importante en nuestras vidas de lo que creemos. Pero más allá de la fe en si, he querido referirme esta vez, a aquello en lo que tenemos fe.

Siguiendo con las referencias fílmicas, y por qué no televisivas; encontraremos una interminable lista de teorías conspirativas, ficciones de lo desconocido, etc. Hablo de estudios serios y no tan serios. Cuando se trata de cuestionar desde el conocimiento más básico hasta el más reciente, no faltará la información que nos haga dudar de lo que siempre creímos, al menos por un segundo.

Don Clint
Y es que en una sociedad tan complejizada, era inevitable dejar pasar unos cuantos fraudes y engaños al construirla. Si a eso le sumamos la idea de que podemos adquirir casi cualquier información en menos de un minuto, y que toda esa información será siempre manipulable; conseguiremos como resultado un mundo de inconmensurable incertidumbre. Si ya nadie podía decir qué es la verdad, cada vez se nos hace más difícil siquiera decir lo que es factible.

En un mundo así es obvio que algunos iban a decidir refugiarse en los brazos de un ser superior, que aunque no brinda muchas respuestas, asegura tenerlas todas. No debería sorprendernos el fanatismo religioso en pleno siglo XXI, la verdad me sorprendería que hubiera más gente dispuesta a enfrentar este mundo a carne descubierta, sin la necesidad de recurrir a otras religiones como el fervor político y activista, el dinero y la “desinteresada” labor social.

Sin embargo, para los que no han podido apostar su fe a tanta ideología tontorrona que hay por ahí; quizá Clint Eastwood haya brindado un buen consejo. Tenga fe en su olfato. Piense, no sea pelotudo, no se lo trague todo y tampoco le crea a cualquiera que salga en la pantallita solo porque habla contra el sistema. Use su olfato, sentido común. Dude de todo, incluso de esto que está leyendo. Pero tampoco se quede ahí, tome decisiones y tómelas usted, no espere que le digan lo que tiene que hacer. Recuerde que sin su nariz, no es nada.

Diego Molina

septiembre 22, 2010

Dia mundial del dia mundial

Hoy era el día mundial sin auto, y al igual que otros muchos días mundiales, como el día de la tierra, el día del libro, de la secretaria, del indígena, de la mujer, del níspero, etc. etc. Se realizaron una serie de actividades bastante mediáticas, y prácticamente inútiles, en pro de dicho tópico a conmemorar o considerar.

El solo hecho de definir un día para recordar algo, nos muestra lo poco que consideramos estos temas, lo alejados que se encuentran de nuestras conciencias, que debemos marcarlos en el calendario, para recordarlos en masa, siendo que se supone son los temas mas urgentes en nuestros tiempos.

Pero a pesar de todo, las actividades realizadas en estos días, cumplen su cometido, servir de bálsamo para nuestras autocomplacientes conciencias, un sobadita de espalda a nuestros, ya poco hinchados egos. Haciéndonos creer que tenemos conciencia social, o medioambiental, según sea la temática del día, con el solo hecho de, una vez al año, apagar la luz una hora, dejar el auto en casa, pensar el los muertos de hambre en otro lado del mundo, pensar en las mujeres golpeadas diariamente en sus casas, en los niños maltratados, en los libros no leídos, en aquellos que esperan un transplante de algún órgano, en los que viven en la esclavitud, en quienes mueren de sida, etc. etc. Si, con tan solo una vez en el año.

foto: Earth Hour Global
Me resulta imposible no recordar, con una mezcla rara de humor y asco, esa gente que enarbola consignas en pro de la tierra, de los beneficios de apagar la luz una hora al año, del daño que se hace al medioambiente con la nueva termoeléctrica, de la disparidad de los sueldos en nuestra sociedad, y luego andan automatizando su casa con electrodomésticos innecesarios, hasta para rascarse el poto, comprando cuanto chiche se ofrece en la tele, para satisfacer necesidades impuestas por la misma tele que te lo vendió, o arreglando la pinta para estar a la altura de circulo social, y lo único que esto logra es enajenar a la persona y alimentar el mismo sistema que tanto se critica.

Probablemente por lo mismo me incomodan los cumpleaños (que técnicamente es el día de uno mismo, no es mundial pero abarca el ‘universo’ personal), pues reflejan la misma actitud. En la oficina viene un montón de gente, que capaz que ni sepan tu nombre, a cantarte y felicitarte. Y se me viene a la cabeza esa historia de cuando te cantan el cumpleaños feliz, y llegando al parte del ‘feliz cumpleaños fulanito’, se miran con cara de ‘¿y como era que se llamaba este wn?’. Si alguien incluso piensa regalarte algo, se ve frente al quebradero de cabeza de intentar averiguar que puede interesarle, gustarle o necesitar el festejado, demostrando lo poco que lo conocemos, lo poco que nos ha interesado.

Pero como todo, ya pasó, ya se salió del empacho, el cumpleaños feliz se cantó, el auto se dejó en casa y se usó el metro, la luz se apagó, se tuvo la conversación de rigor con los amigos, sobre la crueldad de nuestra sociedad, y bla bla bla. En fin, se cumplió con la cuota anual, ahora podemos seguir inmersos en nuestros vicios, abusando de nuestras medianamente privilegiadas situaciones, y descansando en los brazos de la hipocresía, el egoísmo y la insensibilidad.

Israel Molina